
Te cuento lo que tiene que ver la dedicatoria de mi tesis doctoral con mi proyecto de Yoga para la ansiedad:
Las 20:55, subo al tren “¡Qué suerte, último asiento libre! ”
– Entschuldigen Sie bitte, darf ich mich setzen?
A no ser que hables alemán, seguramente te habrás quedado como yo, muerta. Intuí que aquella mujer de pelo canoso y manitas arrugadas quería mi sitio. Continué la vuelta a casa de pie y agotada, como cada día. Las jornadas de estudiante de doctorado en Austria se me hacían eternas y poco amigables.
Pasaron 4 años de altibajos, de estudiar el cerebro con el traductor de alemán-español, de no tener tiempo para nada, de dibujar en mi cabeza qué situación surrealista me iba a encontrar al día siguiente (anticipación, ¿te suena?).
No te extrañará que lo primero que me sedujo del Yoga fueron las posturas. También estarás conmigo en que (de primeras) resulta extremadamente incómodo sentarse con la única misión de respirar: se me engangrenaban los pies y sólo pensaba que me cerraban el súper y a ver qué iba a cenar.
Con paciencia, el Yoga instauró en mí una seguridad olvidada. Si podía hacer todo eso con mi cuerpo, ¿qué no iba a ser capaz de hacer en mi vida? Disfrutar de la meditación tardó un poco más. Mis días iban a toda velocidad. Con el tiempo, por fin, sentarme a estar conmigo me ayudaba a asimilar el cómo y el por qué de los sentimientos que me iban acompañando en distintas situaciones.
Más adelante, conseguí “desactivar” mis pensamientos. Sólo silenciando ese diálogo interno, sin reprimirlo, es cuando las respuestas llegan, los pies ya no duelen, y no necesitas pensar qué vas a cenar después. Mis respuestas vinieron vestidas de confianza y reconciliación con mi propósito.
¡Fue una revolución! A través de enseñar Yoga descubrí que hay otras formas de sanar mentes y corazones. Con la Txell entusiasta al timón, estudié la maestría para ser profesora de Yoga. Tenía en mi mano dos herramientas muy potentes para mejorar la salud de las personas y yo tenía que compartirlas con el mundo.
Hoy, este poder de conexión y gestión de las emociones a través del Yoga me sigue teniendo fascinada. Gracias a mi formación en el estudio del cerebro a lo largo de los años, junto con mi conocimiento en Yoga he podido integrar y crear mi propio método de Yoga y Neurociencia para la ansiedad. Este método da sentido a por qué la práctica de Yoga y meditación tiene un impacto tan grande y positivo en los desequilibrios emocionales como la ansiedad.